Hermano
Cruzó una pierna por encima de la otra en la parte trasera
del lujoso auto que la transportaba a su destino. Se retocó el cabello para que
estuviera perfecto, oliendo de nuevo la exquisita fragancia que había elegido
para aquella ocasión. Sus lujosas ropas destilaban una mácula limpieza de la
cual se encargaba de revisar personalmente. Durante el trayecto se encargaba de
repasar mentalmente todos aquellos puntos que quería tocar en la reunión con
aquel hombre tan ambicioso. Podía ser un problema en el futuro, quizá no para
sus negocios pero si que afectaría en la vida de su querido hermano.
El hotel que había elegido era adecuado a sus necesidades.
Desde el vestíbulo se podía divisar una amplia sala de descanso con todo lujo
de detalles y alguna filacteria que aparentaba ser oro. Llevaba el maletín con
todo lo necesario y un pequeño portátil que tenía preparada una sesión especial
de fotos que deseaba Matt pudiera ver. Estaba segura que aceptaría su
propuesta.
No pasaron más que unos segundos hasta que su anfitrión hizo
acto de aparición con los brazos extendidos hacia ella. No podía ser más
pedante y sobrio en aquella ocasión. Pero pronto le haría ver cuán equivocado
estaba. Conocía especialmente bien a los de su calaña, de puertas para afuera
son todo regalos y palabras agasajadoras, mientras que detrás de la puerta
escondían todo tipo de secretos que ocultan tras buenas intenciones y actos
“nobles”. Lo que no saben es que la mayor nobleza es precisamente no actuar de
forma tan flagrante.
Correspondió al saludo cortésmente, incluso el hombre dio un
casto beso en su muñeca a modo de cortesía. Aquellos actos la divertían
profundamente, al menos la reunión prometía ser entretenida… el tiempo que
durara. Sin más dilación se encaminaron al salón VIP que estaba en la primera
planta. Todo tipo de detalles sobresalían de aquellas paredes tan brillantes
por los reflejos de las luces.
Su corazón palpitaba rápidamente, recordaba que hacía
aquello por su hermano, al que adoraba desde que era pequeña. Haría cualquier
cosa por hacerle la vida más fácil y verte aquella sonrisa tan encantadora que
tenía. No había un solo día en que no recordara los buenos momentos que pasaron
de pequeños, jugando juntos y contándose todo tipo de secretos. Con la edad
esos momentos han pasado a un segundo plano gracias a las responsabilidades que
se van adquiriendo, más en su caso, su trabajo consistía en encontrar lo que
una persona buscara, siempre que estuviera dispuesta a pagar un precio
adecuado.
“Por ti hermano”
El mayordomo les abrió la puerta del salón, una estancia
espaciosa con sofás terminados en piel con reposabrazos de cuero elegantemente
negro. La cristalera tenía un gran acuario, propiedad del hotel. Con todo tipo
de algas y rocas adornándolo, era un espectáculo para los sentidos. En el agua
cristalina flotaban miles de peces de distintos tipos y colores, Leila se
preguntó cuántas especies distintas estarían representadas por aquellas
diminutas criaturas. Caminaba lentamente mirando de reojo al hombre que la
acompañaba, con un sugerente movimiento de sus caderas hasta la mesa rodeada
que se situaba en el centro de la sala. Perfecto para sus propósitos. Abrió el
portátil encima de la mesa, con la pantalla encarada hacia ella. Mientras tanto
Matt se servía una copa de Brandy en el minibar. - ¿Quieres una copa, encanto?
-. Escupió con un tono sugerente y juguetón, a lo que la mujer dirigió su
mirada entornando los ojos hacia Matt, asintiendo levemente -. No me lo cargues
mucho, que luego nos ponemos demasiado alegres -. Endulzó su voz todo lo que
pudo para aparentar que tenía pensado pasárselo bien. Esa era la parte cierta,
pero no todo lo bien que su acompañante podría esperar de aquella sorpresa. Después
de llenar los vasos se acercó hasta el sofá opuesto con una sonrisa encantadora
en la cara. Elevó la copa en el aire para dar un brindis.
- Por los negocios -. Ella respondió tomando la copa
chocándola levemente antes de llevársela a sus provocadores labios -. Por los
buenos negocios, no hay que desperdiciar oportunidades como esta ¿no crees? -.
Totalmente de acuerdo -. Agregó el hombre -. No todos los días tengo la
oportunidad de estar con una belleza como usted señorita Leila -. Sorbió gran
parte del líquido hasta la mitad de la copa, depositándola con fuerza en la
mesa mientras el ardiente descendía por su garganta -. Además borracho, aunque
ya lo sabía de antemano, aquel tipo de información era de lo que se encargaba
de averiguar. Era sorprende lo unido que está el poder financiero a personas
con grandes problemas como la bebida o las drogas. Como si pudieran suplir esas
debilidades teniendo muchos billetes.
Se encontraba enfrascada en la pantalla, con la presentación
ya preparada. Una sonrisa burlona se dibujó en su cara, imaginándose lo que
pasaría en cuanto viera las fotos
- Creo que tengo que hacerle una advertencia señor Matt,
normalmente no me gusta llegar a este tipo de situaciones, especialmente cuando
se trata de socios potenciales. Pero, esta vez tengo que hacer una excepción.
Usted ha entrado en un terreno demasiado pantanoso, incluso para su persona -.
Lentamente fue girando el ordenador para enseñarle las imágenes que había
guardado, de una de las habitaciones de un hotel en las afueras. La expresión
del hombre cambió de la cordialidad a la sorpresa, poniéndose completamente
rojo, de ira o vergüenza, a saber. Le habían grabado en uno de sus encuentros
con una prostituta de las que solía pagar un extra de dinero por la
confidencialidad. Lo que Matt no sabía es que esa mujer trabajaba para Leila,
un detalle que decidió omitir -. No te molestes en tratar de destruir estas
imágenes -. Se puso de pie apoyando los brazos en la mesa para enfocarse en el
-. Tengo varias copias de seguridad a buen recaudo -. Notaba la miel en los
labios, como si fuera un ave de presa a punto de acabar con su víctima, pura
supervivencia, pensaba ella. Su hermano era un hombre respetable en los negocios
de tabaco, y Matt estaba comenzando con el tráfico de nicotina en el mercado
negro en diferentes dosis y cantidades con precios más baratos por no tener que
pagar impuestos -. Si no quiere que estas imágenes lleguen a su mujer, le
sugiero que deje sus negocios ilegales -. El hombre la miró completamente
enrojecido, cerrando los puños con fuerza sobre sus rodillas de la impotencia.
No podía permitir que se filtrara, aquel chantaje le llegó como una puñalada en
la espalda. Agachó la cabeza con resignación, mirando a los lados para
comprobar que nadie más hubiera visto la pantalla -. Maldita zorra -. Escupió
de su boca -. Ojalá acaben contigo para que puedas dejarnos en paz.
Cerró el ordenador de un manotazo y se tragó el resto del
líquido en la copa soltando improperios. Para Leila eran como una muestra del
trabajo bien hecho, cuando se quejaban tanto las palabras eran como una melodía
que resonaba en sus oídos. Puede que fuera cruel, ciertamente, pero en aquella
crueldad encontraba la imagen de su hermano, nunca se enteraría de los
sacrificios que realizaba a su favor, pero no importaba, para ella lo único importante
era su felicidad. Dejó al hombre solo con la bebida, seguramente acabaría
rodando por el suelo aquella noche, le daba igual lo que hiciera. Al salir
saludó al mayordomo dejándole oler su fragancia al acercarse con una propina
que dejó en el bolsillo de su camisa -. Ha sido un verdadero placer “encanto”
-. Dijo por última vez a Matt antes de cerrar la puerta con desprecio.
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