Pandora (Parte I)
EL PRESENTE
Baltre Ylioh se encontraba sentado en la sala de mando del
palacio. Dejó la máscara a un lado, había aire de sobra para poder
permitírselo. “Esos bastardos han estado ocultando toda su reserva” Pensó para
sí mismo. Su mirada se posó en la amplia estancia. Los extractores de aire
realizaban su función purificadora. Todo el edificio estaba diseñado para
resguardarse del aire contaminado del exterior, como un gigantesco mecanismo
purificador. Quedaban pocos lugares como aquel en el mundo, no sabían cómo
habían llegado al extremo de tener que refugiarse en su propio hogar. El futuro
siempre había sido prometedor echando la mirada hacia las estrellas, la exploración
del universo y los confines del espacio. Pero el proceso de degradación en la
atmósfera se había acelerado durante los últimos años con la introducción del
nuevo agente químico, lo habían bautizado como Genni en su honor. Luka Genni fue el meteorólogo artífice de su descubrimiento,
como si fuera una especie de maldición en este caso, su hazaña fue averiguar lo
que iba a acabar con la humanidad.
Lowell, su fiel compañero de armas entró en la sala en ese
momento. Su cara de satisfacción se notaba desde la puerta. El golpe de estado
había funcionado tal y como lo habían planeado, aunque no fuera un gobierno
especialmente resistente dada la situación. Todos estaban al mismo nivel en la
miseria por el miasma que día a día crecía en las calles.
- Todo ha salido según como planeamos -. Apuntó con la mano
en la frente a modo de saludo -. Todas las reservas de aire puro están a buen
recaudo, aseguradas por nuestros hombres más fieles -. Les habían llegado
informes hace semanas de que el consejo de Génesis guardaba el bien más
preciado en estos tiempos con recelo. La guerrilla había decidido actuar en
consecuencia, pero todo el planeamiento de la conquista destilaba un gran
defecto. No era cuestión de asumir el poder y repartir todas las provisiones
entre todo el mundo. Apenas daría para unas semanas.
- ¿Qué haremos con los desechados? -. Preguntó Lowell, los desechados
eran las personas que apenas habían sobrevivido a duras penas del aire
contaminado, con máscaras de gas arcaicas que no terminaban de filtrar bien, o
los que habían sido rechazados de las casas purificadoras. Habían estado
calculando y en el palacio entrarían unas doscientas personas, no era una cifra
muy esperanzadora. El lugar era bastante estrecho, se notaba que no había sido
construido como alojamiento en principio, su origen era todo un misterio.
- No podemos alojarlos a todos -. Masculló Baltre arrugando
el entrecejo. Se lamentaba de no poder ayudar a todo el mundo, era una carga
demasiado pesada, tener la responsabilidad de dejar que se extinga la vida de
los que queden fuera -. Dejad pasar a los que podáis, por edades, los más
jóvenes tienen prioridad. Las mujeres y los niños primero, que el olvidado nos
de fuerza en este momento de flaqueza -. Haremos lo que podamos Bal -.
Respondió Lowell tratando de ser optimista -. Te ves cansado, déjanos el resto
a nosotros y descansa.
Le preocupaba ver a su amigo en ese estado. Todos estaban en
un estado deplorable pero especialmente el insistía en encargarse de todo con
marcialidad militar. Había sido teniente en el ejército hace años, cuando los
conflictos entre distintas facciones amenazaban con extinguir la vida antes que
la contaminación. La guerra por los recursos comenzó con el anuncio inminente
del fin. Las primeras muertes se dieron un año después del descubrimiento del Genni, después empezaron a aumentar cada
vez más, los refugios nucleares sirvieron temporalmente, pero esta vez no
luchaban contra un espacio de tiempo limitado, como pasaría con la radiación. Había
que luchar para sobrevivir el resto de nuestras vidas encerrados, hubo quien
dijo que había que abandonar nuestra cuna de vida y elevar la vista a otros
planetas del espacio. Aunque se intentó poner en marcha un apresurado programa
espacial no se pudo completar a tiempo debido a la falta de recursos.
Baltre no podía descansar en una situación como aquella, se
despidió de su amigo y fue a dar una vuelta por los almacenes para comprobar
que todo estuviera bien. Sus camaradas le saludaban según le veían, algunos de
forma respetuosa, otros preocupados. A todos les afectaba la moral la situación
comprometida en la que se encontraban. Después de los almacenes fue a los
departamentos de alojamiento. Todos eran exactamente iguales, una habitación
cuadrada con una cama al fondo y un pequeño escritorio con pantallas de
diagnóstico.
Una de las habitaciones era un poco más grande y tenía un
servicio propio. Lo más extraño es que había alguien en el interior, de
espaldas al teniente. Parecía un hombre pero no le reconoció, enseguida sacó el
arma apuntándole, la precaución era una de sus máximas. Se mantuvo a cierta
distancia observándole desde la puerta, estaba inclinado en el suelo de la
estancia, recogiendo lo que parecía un tubo que iba cambiando el color de su
interior. Parecía una especie de tornado a escala en la botellita que daba
vueltas pasando de un extremo a otro del arcoíris.
- No es necesario que uses eso, Baltre, heredero de la familia Ylioh. No soy tu enemigo, mi nombre es Génesis -. Guardó la probeta y se encaró con las manos en alto -. ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Génesis? ¿Eres el lider del grupo que controlaba el palacio? -. Le espetó, aún con el arma apuntándole. Se dió cuenta de que poseía un aura extra, sus ojos no se movían como los del resto, parecían fijados en algún punto, muy lejano a ellos dos, como si estuvieran congelados en algún lugar y tuviera que mirar, aunque no quisiera. Llevaba una túnica larga con capucha que le cubría hasta la cabeza, Su aspecto no distanciaría demasiado del de un hombre de mediana edad, salvo por los ojos. No parecían de este mundo -. Conozco a varios miembros de tu familia, especialmente a Taldorín Ylioh, fuimos muy buenos amigos ¿sabes? -. Su tono de voz se volvió demasiado amargo -. Oh, se me olvidaba, bienvenido a Pandora, espero que disfrutes este tiempo, creo que es el peor que os ha tocado vivir, pero no te preocupes. La esperanza es lo último que se pierde.
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