Nuevo equipo
Dalia June se preguntaba si el sargento Julson estaría
esperándola como de costumbre a la salida. Había terminado su sesión de
entrenamiento diaria con el resultado esperado. Se esforzaba todos los días
para estar a la altura de la misión. Su hermano había partido hace un año hasta
el sector prime como avanzadilla de la humanidad para explorar los confines de
aquella región. Si las cosas iban bien antes de terminar el próximo trimestre
podría unirse como apoyo. Disfrutaban de una época de paz, pero siempre se
necesitaban pilotos nuevos de las unidades acorazadas MU-07. Fabricados
expresamente para resistir las duras condiciones del entorno. Ella era una
joven promesa que superó la marca personal de cincuenta y ocho segundos en campo
de entrenamiento de minas avanzadas.
Como era habitual el sargento esperaba a la salida, con su
reglamentaria sonrisa en el rostro en cuanto la veía. A decir verdad no sabía a
ciencia cierta la razón de su espera, pero terminó por acostumbrarse a verle
cada día después de los ejercicios. Intercambiaron los saludos habituales.
Dalia era cadete del programa de pilotos. Wale Julson, en cambio había sido
asignado al departamento de seguridad desde sus labores en armamentística. Su
carrera era lo que se esperaba de los veinticinco años que había cumplido. Todo
un disciplinario soldado en lo que se refería a las buenas maneras. Aunque
seguía sus propios instintos a la hora de actuar, algo que no le gustaba
demasiado al mando central. Le volvía imprevisible, demasiado emocional para lo
que representa un verdadero soldado.
June sospechaba que tenía algún tipo de interés romántico en
ella. Lo consideraba un buen amigo, confiable ante todo aunque no tenía tiempo
para estar interesándose en esos asuntos. Tenía su objetivo claro. Nunca había
tratado de sobrepasarse ninguna noche, de las que compartían bebidas hasta
altas horas de la madrugada. Se habían concedido algunos de sus deseos más
personales. Dalia sabía cuáles eran las motivaciones reales de Wale, por eso
confiaba en el. Hace tiempo le propusieron un ascenso a teniente, por
reconocimiento a los méritos de su padre después de fallecer debido a una
extraña enfermedad. Buscaba encontrar la manera de hallar una cura, rechazó el
puesto manteniéndose en la división de defensa. Quería subir por sus propios
méritos, sin aprovecharse de la desgracia de nadie, incluyendo la suya. Más
tarde se enteró de que el padre de Dalia estaba investigando una cura para
dicha enfermedad. Quizá precisamente por eso la apoyaba con tanta devoción.
Aquel día el sargento tenía una mirada inquieta.
- No puedo esperar a que nos digan. Estoy nervioso. – Dalia
le miró con incredulidad preguntándose a lo que se refería conello.
- El mando nos ha convocado a una reunión. Tu, yo y varias
personas más. Parece algo importante. No me gustaría hacerles esperar. – La
llegó un sobrecogimiento interno. Solo esperaba que no fuera algo malo.
- ¿Han dicho de qué se trata? – No, lo han mantenido en el
más absoluto secreto. Ojalá no sean malas noticias.
- No te preocupes, seguro que no es nada importante. Vamos,
yo ya he terminado por hoy.
Recorrieron los pasillos de la estación en silencio. El
resto de personal estaba realizando sus labores. De vez en cuando saludaban a
algún conocido que se cruzaba con ellos, sin entretenerse demasiado
argumentando que tenían prisa.
Por fin llegaron a la sala de reuniones. Las puertas
automáticas se abrieron en cuanto se acercaron. Había 5 personas más en la sala,
entre ellos el comandante Vestrid. Se cuadraron con la diestra en la frente,
junto a sus compañeros que estaban justo enfrente.
- Pueden descansar, estoy seguro que os preguntareis por qué
os hemos llamado. No es nada negativo, podéis estar tranquilos. – Varios suspiros
de alivio resonaron en la sala. Aprovecharon el momento para mirarse unos a
otros. Dalia reconocía a la mayoría de ellos, aunque fuera de vista; la mujer
que había fue una compañera suya durante la instrucción. Muy observadora y
meticulosa. Creía que había entrado al cuerpo de desarrollo tecnológico, o eso tenía
entendido. Le sorprendió ver a Jules. Un ingeniero de comunicaciones con quien
había tenido largas conversaciones en la zona restaurante sobre lo motivante
que era tener la oportunidad de explorar aquel campo. En especial la velocidad
de transferencia de información electrónicamente. Le parecía alguien simpático,
pero apenas podía comprender lo que trataba de explicar sobre el tiempo de reacción
de cualquier orden dada en la cabina de una unidad acorazada. Para ella apenas
había diferencia, aunque al parecer a Jules le entretenía especialmente tratar
de recortar ese mínimo retraso entre el comando y la posterior reacción del
robot mecanizado. Sabía que botones pulsar para hacer que el meca hiciera lo
que ella quisiera, sin embargo entendía que era importante para mejorar la
eficacia de las unidades. Por eso trataba de ayudarle en entrenamientos y
pruebas cuando el tiempo se lo permitía.
Luego había un hombre que no le sonaba de nada. Podía ser
que hubiera sido transferido recientemente a la base. Al lado del comandante
estaba la oficial en jefe científica Miverva. Demostraba un gran conocimiento
en gran cantidad de materias. Estaba al cargo de todos los laboratorios de
investigación en la base. Su mirada se encontraba distraída en la pantalla
detrás suya. Vestrid comenzó a hablar nuevamente.
- Me complace anunciaros que nos han concedido vía libre
para la misión de apoyo del sector Prime. – La sala se llenó de un entusiasmo
concentrado en las caras de los presentes. No estallaron en gritos por respeto.
– Vosotros estaréis al cargo de la escolta en la construcción del puesto de
avanzada. Contais con dos excelentes pilotos en vuestro equipo, el agente de comunicaciones
Jules y un ingeniero armamentístico. - Sus nombres y cargos comenzaron a
parpadear en la pantalla luminosa según los iba pronunciando. El último
aparecía como Yiel, el oficial al cargo de la patrulla. Para muchos de ellos
era la primera toma de contacto que tenían con el equipo.
- Espero de vosotros una gran diligencia a la hora de
afrontar esta misión. Es un honor para mi presentarles a Yiel, el hombre que
estará al cargo de su equipo.
- No podía haber mejor noticia para Dalia. Por fin después
de meses de duro entrenamiento la habían asignado a la misión en el sector más
puntero, para poder seguir explorando los límites del espacio. Tratando de
ayudar a su manera a su hermano. Sentía sus ojos hinchados de la emoción. La
noticia era mucho mejor de lo que esperaba.
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